La necesidad de orad y velad
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Velar para Tener Tiempo de Orar
El verbo «velar» significa supervisar o mirar con los ojos abiertos, con el fin de prevenir cualquier peligro o emergencia. En el ámbito espiritual, velar en oración y súplica indica tener la capacidad para discernir las asechanzas de Satanás y descubrir tanto los fines que persigue como los medios que utiliza. Debemos entender que la oración no es un mero complemento de nuestra vida cristiana, sino una clase de servicio fundamental que debe colocarse en una posición absolutamente preeminente.
1. El pecado de descuidar la oración y la estrategia del enemigo
Es muy fácil juzgar las fallas ajenas, pero debiéramos decirnos a nosotros mismos: ¡Tú eres ese hombre! No echemos la culpa a otros por nuestra falta de oración; nosotros mismos necesitamos arrepentirnos de manera genuina delante del Señor.
«Todos hemos cometido el pecado de descuidar la oración; debemos decirnos a nosotros mismos: tú eres ese hombre». (Watchman Nee, Lecciones acerca de la oración, p. 249)
Satanás sabe perfectamente que cualquier obra espiritual edificada sin el fundamento de la oración carece de valor y, con el tiempo, fracasará rotundamente. Por esta razón, su principal estrategia es mantenernos tan ocupados en otras cosas —incluso en cosas aparentemente buenas y necesarias— para que terminemos descuidando nuestro tiempo con Dios.
2. Hacer la guerra para proteger nuestro tiempo
Tenemos que pelear activamente por nuestro tiempo de oración. Si esperamos hasta tener "momentos libres" para orar, simplemente jamás tendremos la oportunidad. Como bien expresó Andrés Murray: «Aquellos que no apartan tiempo para orar no oran». Necesitamos apartar un tiempo definido y, además, usar la misma oración para proteger este espacio vital, impidiendo que nos sea arrebatado por las artimañas del enemigo.
A veces somos engañados al creer que estamos "demasiado ocupados para orar", sin darnos cuenta de que orar es, en realidad, ganar tiempo. Velar implica hacer la guerra orando; debemos pararnos firmemente sobre la verdad de que estamos en Cristo y utilizar Su victoria completa en la cruz para echar al enemigo de nuestra posición. En el poderoso nombre del Señor, debemos barrer todo obstáculo.
«Oren para poder orar; oren hasta que puedan orar; oren para recibir ayuda para orar, y no renuncien a la oración porque no puedan orar». (Charles Spurgeon)
3. Velar durante la oración y tener un deseo definido
La batalla no termina cuando logramos apartar el tiempo. Tan pronto como nos ponemos a orar, surgen impedimentos: pensamientos que se dispersan y distracciones innecesarias que nos perturban. Es esencial pedir a Dios, antes de comenzar, que nos capacite; y durante la oración, suplicar que nos ayude a mantener un solo sentir. Satanás buscará que malgastemos el tiempo con palabras vacías, dispersas y peticiones vanas.
Existe un relato muy aleccionador sobre Evan Roberts, quien, en medio de una reunión de oración en su casa, se levantó, le puso la mano sobre la boca a un hermano que estaba hablando y le dijo con firmeza: «Hermano, usted no necesita continuar orando, pues no está orando en absoluto». Muchas palabras en nuestra oración se dicen en la carne y por instigación de Satanás, haciendo que la oración sea larga, pero irreal e inútil.
No oremos si no hay un deseo real en el corazón. Algunos creyentes, después de orar veinte minutos, ni siquiera saben qué le pidieron a Dios porque solo divagaron. Como decía Spurgeon: «Para que la oración tenga valor, debe tener peticiones definidas por las cuales suplicar». No alarguemos el tiempo con razones vanas; simplemente derramemos nuestro anhelo sincero delante del Señor.
Conclusión y enfoque práctico: La oración es una verdadera batalla. Velar significa apartar un tiempo definido sin excusarnos en nuestra falta de espacios libres. Significa proteger ese tiempo blindándolo con oración, resistir los pensamientos dispersos y negarnos a pronunciar palabras vacías o religiosas. Ejerzamos hoy la victoria de la cruz para barrer con las distracciones del enemigo, y acerquémonos a Dios no para cumplir un formalismo, sino para derramar nuestro deseo con peticiones definidas y cargadas de realidad espiritual.
Citas inspiracionales de Charles Spurgeon sobre la persistencia en la oración y el uso de peticiones definidas.
Cita de Andrés Murray sobre la importancia de apartar tiempo absoluto para buscar el rostro de Dios.
Relato histórico sobre el avivamiento en Gales y la corrección de Evan Roberts respecto a las oraciones en la carne.
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